Una despedida multitudinaria

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Es nuestro último atardecer en Australia, y siguiendo las indicaciones de Jenny Maclean del Hospital de Tolga, nos hemos acercado a la localidad de Herberton, en la fértil meseta de Atherton. El Wild River, río salvaje, cruza el pueblo y en esta ocasión hace honor a su nombre: una multitud de zorros voladores rojos (Pteropus scapulatus) se reúnen allí para pasar el día desde hace un par de meses.

Parecen ocupar todos los árboles, ramas y troncos disponibles, y aunque nos han comentado que debe haber más de 100.000, una vez allí tomamos conciencia de la imposibilidad de cuantificarlos. Su movilidad y la magnitud de sus campamentos, que es el nombre con que se conocen sus colonias, hace que no se sepa cuántos efectivos hay en el continente ni cuál es su tendencia poblacional.

Admiramos y grabamos el espectáculo, mientras vehículos y peatones cruzando el puente y la colonia. Algunos peatones se detienen a admirarlo, con más o menos sorpresa, otros ya acostumbrados parecen no prestar atención, a pesar del fuerte ruido de los gritos de murciélagos que llega de todas partes. Un par de vehículos se detienen haciendo ruido para ahuyentarlos (con un éxito muy moderado que se disuelve en la inmensidad de la colonia).

Los efectos de su presencia son visibles y se resumen en ruido y árboles rotos, unas circunstancias que no gustan a una parte de la población. Los beneficios que generan resultan más imponderables. Jenny Maclean, traspone con destreza la pregunta de por qué hay que conservarlos cuando un visitante la interpela en su hospital: “Si tenemos más de 100.000 murciélagos nectarívoros, que polinizan plantas, afincados en nuestra zona durante los 2 últimos meses, y que obviamente encuentran néctar suficiente para subsistir, algún servicio deben hacer al ecosistema ¿No?

Al día siguiente nuestro avión sale a media tarde de Australia, en dirección a Singapur. Hemos pisado Indonesia, con un panorama más desolador, y Australia. El monitor del avión nos muestra con detalle la ruta de vuelo, donde aparecen sombreados los rincones del mundo donde ya ha oscurecido. Pese a que vamos a 1000 km por hora hacia el oeste, como si no quisiéramos dejar escapar de la luz del día, la noche nos alcanza inexorable antes de llegar a nuestro destino. ¿Tendrá la carrera para salvar los grandes murciélagos la misma suerte?

El Wild River
El Wild River
Vista general de la colonia
Vista general de la colonia
Zorros voladores rojos (Pteropus scapulatus)
Zorros voladores rojos (Pteropus scapulatus)
Filmando la colonia
Filmando la colonia
Ramas torcidas por el peso de los murciélagos
Ramas torcidas por el peso de los murciélagos
Alzando el vuelo
Alzando el vuelo