Murciélagos en el radar!

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Dicen que cuando Marconi explicó a sus familiares que quería probar de intercambiar señales inalámbricas a distancia se lo llevaron a una institución de salud mental para que le hicieran una revisión. De no habernos documentado previamente, cuando Dianne Odegard del Bat Conservation International nos contó que su marido seguía los movimientos de los murciélagos de Bracken Cave por el radar meteorológico nuestro escepticismo no habría sido menor.

Llegamos a casa Dianne y Lee Mackenzie, para que nos muestren cómo es posible tal filigrana tecnológica. La visita, sin embargo, comienza con la presentación de un buen número de huéspedes alados que llenan los rincones de la casa y del jardín. La vida de Dianne y Lee gira alrededor de los murciélagos, y han montado en su propia vivienda un hospital de campaña para ayudar a los animales heridos que los vecinos encuentran por su zona. Mientras en Lee nos muestra la jaula de vuelo que tienen en el jardín, paso previo a la liberación de los animales, la Dianne está alimentando un murciélago rabudo con gusanos. Al verlo de cerca, tan pequeño y frágil, se hace difícil creer que pueda llegar a interceptar las señales del radar en sus vuelos nocturnos. Claro que no lo hace solo, sino acompañado de unos cuantos millones de congéneres.

La idea de utilizar los radares meteorológicos surgió de quien posiblemente ha sido el investigador de murciélagos más brillante y revolucionario: Thomas Kunz. Sus estudios de los movimientos de murciélagos y de sus presas en la aerosfera le llevaron a proponer una nueva disciplina de la ecología que intenta comprender las complejas interacciones de la fauna en un medio tan cambiante como la atmósfera. La bautizó como aeroecología.

Las imágenes de radar que nos muestra Lee en su ordenador son pues fruto de la iniciativa de este pionero. Cada mañana Lee entra en la web del MRMS (multi radar sensor system), una iniciativa conjunta de varias instituciones de investigación de Estados Unidos, que ofrece al público mapas detallados de los fenómenos atmosféricos de todo el país, y que permite también observar los movimientos en masa de los murciélagos. La interpretación de las imágenes no es sencilla, es precisa una buena dosis de práctica y conocimiento de las particularidades del clima de Texas para no confundir una nube de verdad con una nube de murciélagos, o vice-versa. En cualquier caso Lee ha aprendido a interpretar con mucha precisión lo que muestran los radares. Nos muestra como el día anterior un frente proveniente del este arrastró una extensa nube de insectos proveniente en buena parte de regiones agrícolas del interior de Texas. Los murciélagos aprovecharon para desplazarse menos de lo habitual para ir a alimentarse. A las pocas horas de oscurecer la densa nube de murciélagos se extiende varias decenas de kilómetros aprovechando el maná que les lleva el viento.

Lee, que insiste en que no es un científico sino un simple aficionado a los murciélagos (¡nos cuesta creerlo!), registra diariamente las horas de emergencia de los varios refugios multitudinarios del sur de Texas (Bracken Cave, el puente de Austin, Frio Cave, etc), mide la máxima extensión de las nubes de murciélagos para poder inferir la cantidad que hay, y toma nota muy detallada de las condiciones ambientales (temperaturas, viento, presión atmosférica y toda una serie de variables más) que hay en los alrededores de cada cueva. Su serie de datos, muy rigurosa y constante, empieza a ser muy larga. Ciencia popular de alta tecnología. La sonrisa que acompaña en todo momento este hombre enérgico y entusiasta desaparece repentinamente cuando le preguntamos qué pasaría si todos estos murciélagos que él sigue con tanto interés desaparecieran de golpe. “Sería un desastre, más nos vale que no pase nunca”. El desastre del que nos habla Lee sería a la vez económico y de salud pública. La novísima disciplina de la aeroecología ya ha permitido cuantificar con rigor el valor económico de los murciélagos, y el sobrecoste que tendría para la agricultura su desaparición. El servicio ecológico que prestan los murciélagos se debería reemplazar con pesticidas (con el importante detrimento hacia la salud pública que ello supondría)  por valor de 700 mil dólares sólo en el caso del cultivo del algodón en el sur de Texas, y por unos 3700 millones de dólares en el conjunto de los Estados Unidos. Lo que antes era un intangible, el valor de una pequeña fracción de la naturaleza que nos rodea, ya tiene precio. Dada su magnitud no sería imprudente que los arquitectos de nuestra economía lo internalizaran.

La Dianne cuidando un murciélago para que pueda volver a aparecer en el radar
La Dianne cuidando un murciélago para que pueda volver a aparecer en el radar
Lee Mackenzie mostrándonos la jaula de vuelo
Lee Mackenzie mostrándonos la jaula de vuelo
Uno de los ocupantes de la jaula de vuelo
Uno de los ocupantes de la jaula de vuelo
Lee nos muestra cómo los murciélagos se han extendido sobre el cielo de Texas
Lee nos muestra cómo los murciélagos se han extendido sobre el cielo de Texas
Evolución de la nube de murciélagos a lo largo de la noche
Evolución de la nube de murciélagos a lo largo de la noche
Lee y Dianne con el equipo de filmación
Lee y Dianne con el equipo de filmación