Murciélagos de Indonesia: del templo a la cocina

De acuerdo con el diccionario la ambivalencia es la presencia en una misma persona de sentimientos encontrados hacia el mismo objeto. Es justamente en este estado emocional que dejamos atrás Indonesia. Las experiencias recogidas van de un extremo al otro de la paleta, sin pasar por alto los tonos intermedios. La crudeza de los mercados de Tomohon, en Sulawesi, donde los murciélagos son vendidos para el consumo, contrasta casi con violencia con la veneración con que son tratados en Goa Lawah, el templo de la cueva de los murciélagos de Bali. Entre los extremos, los animales mantenidos en cautividad como mascotas.

Los zorros voladores, murciélagos frugívoros de gran tamaño, son los únicos consumidos por lo que hemos podido constatar, y también los únicos objeto de veneración. Algunos interpelados nos han aportado detalles sobre su gusto, formas de cocinarlos y hasta propiedades curativas. Afortunadamente esta afección no es compartida por todos, y nos ha parecido menos presente entre las generaciones más jóvenes, que a menudo expresaban su rechazo hacia el consumo tradicional de animales salvajes.

Nos vamos habiendo pisado las islas de Sulawesi, Bali, Flores y Rinca, para dirigirnos hacia Brisbane, Australia, donde esperamos conocer otras realidades de la compleja relación entre humanos y murciélagos. En todas las islas hemos encontrado gente que ha consumido murciélagos, así como gente que aseguraba no haber comido nunca y no tener la menor intención de probarlos. Indonesia es un país donde se mezclan religiones y etnias muy diversas, y esta diversidad se refleja en la variedad de relaciones entre humanos y murciélagos.

Tanto en Sulawesi como en Bali, donde se venden murciélagos con diferentes objetivos, los propios vendedores nos han confirmado que cada vez tienen que ir más lejos a buscarlos. Una vez esquilmado las poblaciones locales, Borneo, el paradigma de paraíso selvático tropical, se ha convertido en la despensa de las islas vecinas. Las pocas colonias de grandes murciélagos que hemos podido observar confirman la amenaza que pesa sobre los murciélagos indonesios: sólo perviven colonias en lugares totalmente inaccesibles, ya sea porque son sagrados o porque son manglares impenetrables.

Playa en el parque natural de Tangkoko
Playa en el parque natural de Tangkoko
Macaco negro, endémico de Sulawesi
Macaco negro, endémico de Sulawesi
Perros esperando su turno, Tomohon, Sulawesi
Perros esperando su turno, Tomohon, Sulawesi
Macacos en el mercado de Tomohon, Sulawesi
Macacos en el mercado de Tomohon, Sulawesi
Preparando murciélagos para la venda, Tomohon, Sulawesi
Preparando murciélagos para la venda, Tomohon, Sulawesi
Murciélagos a la venda, Tomohon, Sulawesi
Murciélagos a la venda, Tomohon, Sulawesi
Paniki, plato típico de murciélago, Sulawesi
Paniki, plato típico de murciélago, Sulawesi
Colores en el mercado de Tomohon, Sulawesi
Colores en el mercado de Tomohon, Sulawesi

BALI04_09

Sofian, nuestro guía en Rinca
Sofian, nuestro guía en Rinca
Viajando en barco hacia Rinca
Viajando en barco hacia Rinca
Templo de Luhur Batukaru, Bali
Templo de Luhur Batukaru, Bali
El Bosque de los Monos, Ubud, Bali
El Bosque de los Monos, Ubud, Bali
Pasar Burung, el mercado de las aves, Denpasar, Bali
Pasar Burung, el mercado de las aves, Denpasar, Bali

Un cielo lleno de murciélagos

Indonesia se anuncia al visitante como el país de las 17.000 islas, y cada rincón parece tener algún atractivo que lo hace único. Las islas de Komodo y de Rinca, situadas al este del archipiélago, son hogar de uno de los animales más peculiares de la región: el dragón de Komodo, un pariente cercano de los lagartos. Su extraordinario tamaño, unos dos metros de longitud, le da el aspecto de un superviviente de la prehistoria.

Salimos del puerto de Labuan Bajo en dirección a Rinca, confundidos por las informaciones recibidas que no nos permiten saber cuánto tiempo estaremos navegando o si podremos ver los dragones. Lo que parece garantizado es que al atardecer podremos fondear en Pulau Kalong, la isla de los murciélagos, para contemplar como alza el vuelo la colonia de zorros voladores que allí se refugia.

Impresionados por el encuentro con los dragones, fondeamos cerca Pulau Kalong junto con otros cuatro barcos cargados de turistas. Kamel, nuestro guía, nos comenta que algunos de ellos han zarpado sólo para ver el espectáculo que estamos a punto de presenciar.

La isla, impenetrable y cubierta de manglares, es según él un refugio seguro, y la colonia descansa en el centro donde pasa desapercibida durante el día. Empieza a oscurecer y nos quedamos boquiabiertos. Una cantidad que nos parece incontable de zorros voladores alza el vuelo para desfilar en dirección a la vecina isla de Flores, en una travesía de unos 4 kilómetros sobre el mar, inundando el horizonte con sus siluetas, que parecen pesadas y lentas en la distancia.

El espectáculo dura casi una hora. Emprendemos el regreso a puerto ya de noche, flanqueados por los últimos murciélagos que han salido y que vuelan a ras de agua junto a nosotros. Parece que quieran despedirnos, y nos preguntamos dónde deben ir. Dejamos atrás la isla contentos de constatar que en Indonesia las formas más modernas de apreciación de la naturaleza empiezan a incluir a los murciélagos.

Aproximándonos al dragón de Komodo
Aproximándonos al dragón de Komodo
Llegando a Pulau Kalong, la isla de los murciélagos
Llegando a Pulau Kalong, la isla de los murciélagos
Barcos turísticos observando el espectáculo
Barcos turísticos observando el espectáculo
Zorro volador sobrevolando el barco
Zorro volador sobrevolando el barco
De vuelta al puerto de Labuan Bajo
De vuelta al puerto de Labuan Bajo

Belleza entre rejas

Posiblemente un rasgo compartido por todas las culturas es la admiración hacia la naturaleza. Una admiración que puede manifestarse de forma difícil de comprender para el forastero. Hemos visitado el mercado de aves de Pasar Burung, en Denpasar (Bali), con la expectativa de encontrar a la venta murciélagos. Las jaulas artesanales, abundantemente ornamentadas, parecen competir en belleza con las múltiples especies de aves silvestres que allí se venden, coloridas y exóticas. Una mirada más cercana y una visita a las trastiendas nos brinda un contraste menos encantador. Jaulas donde se almacenan decenas de pájaros en un espacio ínfimo, a la espera de ser comprados o expuesto; crías de mono encadenadas a oscuras, que nos ven pasar con ojos atemorizados; aves de todos tipos mantenidas en bolsas de cartón, sin alimento ni agua; y murciélagos captivos en jaulas tan pequeñas que les resulta imposible moverse o abrir sus alas. El vendedor de murciélagos nos cuenta que están bien cuidados, que viven mucho tiempo y que la gente los compra para tenerlos en casa. El precio de venta confirma que en Bali los murciélagos no se venden para el consumo: entre 15 y 75 euros cada individuo, dependiendo de la especie. Cada vez resultan más difíciles de encontrar en Bali nos cuenta, y por ello los que ofrece en esta ocasión provienen de la vecina isla de Borneo.

Jaulas artesanales para pájaros
Jaulas artesanales para pájaros
Estrildas cabecirrojas en jaula
Estrildas cabecirrojas en jaula
Zorros voladores a la venta como mascotas
Zorros voladores a la venta como mascotas
Crías de macaco esperando ser puestas a la venta
Crías de macaco esperando ser puestas a la venta

La adoración de los murciélagos en bali

La isla de Bali, en el centro del archipiélago indonesio, es el principal destino turístico de la región. Es conocido por los incontables templos hinduistas que la recorren, y es justamente uno de ellos que ha atraído nuestra atención y nos ha llevado a visitar la isla. Goa Lawah, la cueva de los murciélagos en balinés, ofrece al visitante la sorprendente imagen de un santuario donde se refugian miles de murciélagos amparados por la devoción de los fieles. No se permite entrar dentro la cueva, y toda criatura que allí more debe ser respetada y protegida. Quien falte a esta norma se expone a la desgracia e incluso a la muerte. Mangku, el sacerdote del templo, nos alecciona: “Los Humanos deben estar en harmonía con ellos mismos, con Diós y con la Naturaleza. Los murciélagos siempre han vivido en el templo, quien no quiera murciélagos que no venga al templo”. Recorremos la isla buscando indicios de veneración hacia los murciélagos. Constatamos que en el imaginario hinduista, ampliamente reflejado en las estatuas y grabados de los templos, la figura del murciélago no tiene presencia. Tampoco la tiene en los bosques donde sería esperable encontrarlos. El santuario de Goa Lawah parece ser el último refugio para los murciélagos balineses.

Entrada al templo de Goa Lawah
Entrada al templo de Goa Lawah
La cueva de los murciélagos
La cueva de los murciélagos
Llevando ofrendas al templo
Llevando ofrendas al templo