Una despedida multitudinaria

Es nuestro último atardecer en Australia, y siguiendo las indicaciones de Jenny Maclean del Hospital de Tolga, nos hemos acercado a la localidad de Herberton, en la fértil meseta de Atherton. El Wild River, río salvaje, cruza el pueblo y en esta ocasión hace honor a su nombre: una multitud de zorros voladores rojos (Pteropus scapulatus) se reúnen allí para pasar el día desde hace un par de meses.

Parecen ocupar todos los árboles, ramas y troncos disponibles, y aunque nos han comentado que debe haber más de 100.000, una vez allí tomamos conciencia de la imposibilidad de cuantificarlos. Su movilidad y la magnitud de sus campamentos, que es el nombre con que se conocen sus colonias, hace que no se sepa cuántos efectivos hay en el continente ni cuál es su tendencia poblacional.

Admiramos y grabamos el espectáculo, mientras vehículos y peatones cruzando el puente y la colonia. Algunos peatones se detienen a admirarlo, con más o menos sorpresa, otros ya acostumbrados parecen no prestar atención, a pesar del fuerte ruido de los gritos de murciélagos que llega de todas partes. Un par de vehículos se detienen haciendo ruido para ahuyentarlos (con un éxito muy moderado que se disuelve en la inmensidad de la colonia).

Los efectos de su presencia son visibles y se resumen en ruido y árboles rotos, unas circunstancias que no gustan a una parte de la población. Los beneficios que generan resultan más imponderables. Jenny Maclean, traspone con destreza la pregunta de por qué hay que conservarlos cuando un visitante la interpela en su hospital: “Si tenemos más de 100.000 murciélagos nectarívoros, que polinizan plantas, afincados en nuestra zona durante los 2 últimos meses, y que obviamente encuentran néctar suficiente para subsistir, algún servicio deben hacer al ecosistema ¿No?

Al día siguiente nuestro avión sale a media tarde de Australia, en dirección a Singapur. Hemos pisado Indonesia, con un panorama más desolador, y Australia. El monitor del avión nos muestra con detalle la ruta de vuelo, donde aparecen sombreados los rincones del mundo donde ya ha oscurecido. Pese a que vamos a 1000 km por hora hacia el oeste, como si no quisiéramos dejar escapar de la luz del día, la noche nos alcanza inexorable antes de llegar a nuestro destino. ¿Tendrá la carrera para salvar los grandes murciélagos la misma suerte?

El Wild River
El Wild River
Vista general de la colonia
Vista general de la colonia
Zorros voladores rojos (Pteropus scapulatus)
Zorros voladores rojos (Pteropus scapulatus)
Filmando la colonia
Filmando la colonia
Ramas torcidas por el peso de los murciélagos
Ramas torcidas por el peso de los murciélagos
Alzando el vuelo
Alzando el vuelo

El Hospital de Tolga

Australia, a la vez el continente más pequeño y la isla más grande del mundo, acoge un amplio abanico de paisajes y ambientes. Nos hemos desplazado unos 1.700 km costa este arriba hasta Cairns, para visitar el Hospital de Murciélagos de Tolga, en plena región tropical. Aquí la comunidad de zorros voladores es sensiblemente diferente a la de Brisbane, de dónde venimos, y los problemas que la afectan también cambian.

Nos ha recibido Jenny Maclean, fundadora y alma del centro, que comenzó su particular periplo cuidando de dos murciélagos afectados por parálisis en 1990. Con los años ha conseguido levantar unas instalaciones dignas de admiración, capaces de atender anualmente unos 300 murciélagos huérfanos y varios cientos de adultos. El hospital se sitúa en un área muy despoblada, donde sería difícil articular un servicio basado en el voluntariado local, por lo que Jenny ha ido dando forma a una infraestructura completa: enfermería para los murciélagos, jaulas de rehabilitación y de vuelo, centro de atención a los visitantes, y alojamiento con todas las comodidades para los voluntarios que aportan la mano de obra necesaria para mantenerlo en funcionamiento. Los voluntarios, así como los patrocinadores, llegan de todo el mundo, y permiten mantener vivo el centro.

La especie que más a menudo cruza las puertas del centro es el amenazado zorro volador de anteojos (Pteropus conspicillatus), de cual anualmente se recogen en los alrededores cientos de huérfanos y adultos afectados por la letal garrapata de la parálisis (Ixodes holocyclus). No fue hasta mediados de los años 80 que detectaron los primeros casos, aparentemente fruto de una desafortunada carambola causada por el hombre. Estas garrapatas, autóctonas de Australia, no suben arriba de los árboles, y por tanto es probable que los murciélagos de forma natural no hayan estado nunca expuestos a sus picaduras. En consonancia, no han desarrollado la resistencia que muestran la mayoría de marsupiales terrestres, e invariablemente mueren si son picados. A mediados de los años 80 comenzó a expandirse por la región Solanum Mauritianum, un arbusto de escasa altura proveniente de Sur América. Los suculentos frutos de esta planta, ” tabaco silvestre ” como lo llaman aquí, tientan los zorros voladores a escasos metros de tierra, ocasionalmente bastante abajo como para entrar en los dominios de las garrapatas. El conflicto está servido. La solución no parece sencilla, dada la rápida e incontrolable expansión de la planta.

Dar a conocer los murciélagos y sensibilizar a la población son los otros dos ejes sobre los que se apoya el centro. Hemos acompañado a un grupo de visitantes, voluntarios de una oficina de información local, durante la visita guiada por la propia Jenny. Se inicia con una conversación distendida, donde Jenny explica los problemas que afectan a los murciélagos, la conveniencia de conservarlos y cómo funciona el centro. Después de un breve vídeo de presentación, la visita se culmina con un paseo por las instalaciones, que despierta las sonrisas y la simpatía de todos: verlos tan de cerca, acercándose curiosos a los visitantes, como si compitieran entre ellos para la mejor foto, indudablemente deja huella.

Entrada del hospital
Entrada del hospital
Zorro volador de anteojos  (Pteropus conspicillatus)
Zorro volador de anteojos (Pteropus conspicillatus)
Visitando las jaulas de vuelo
Visitando las jaulas de vuelo
Murciélago bebiendo
Murciélago bebiendo
 Jenny Macleann mostrando los murciélagos
Jenny Macleann mostrando los murciélagos
Invitando a descansar
Invitando a descansar
Jenny nos despide con unas " bat cookies"
Jenny nos despide con unas ” bat cookies”

¿Quién conservamos?

Las cuatro especies de grandes zorros voladores de Australia, todas ellas del género Pteropus, descansan colgadas en árboles durante el día. Este es uno de los principales desencadenantes de la poca popularidad de que gozan estos animales en la región: sus colonias son ruidosas y dejan el suelo lleno de excrementos.

El conflicto entre humanos y murciélagos tiene especial notoriedad cuando las colonias se sitúan en parques urbanos o cerca de viviendas. En estos casos, ya sea por iniciativa pública o privada, a menudo se recurre a medios más o menos agresivos para ahuyentar a los animales, obligando a las colonias a desplazarse. Esta circunstancia pone en riesgo las poblaciones ya que cada vez tienen menos espacios aptos para establecer sus colonias, y confronta las entidades conservacionistas, que abogan por la tolerancia pacífica, con buena parte del estamento público y de la ciudadanía.

En los manglares inmediatos a la casa de Geoff Redman, en las afueras de Brisbane, se estableció unos dos meses antes de nuestra visita una colonia de unos 25.000 Pteropus scapulatus, el zorro volador más pequeño del género, que alcanza poco menos de medio kilo de peso, y las poblaciones del cual migran por el este y el norte de Australia persiguiendo el néctar que ofrecen las floraciones de los árboles de los que se alimentan.

Geoff es un activo miembro de varias entidades de carácter naturalista y social, y muy aficionado a los manglares. Desde su patín accede mediante una corta pasarela a un pequeño recorte privilegiado de manglar que concentra una diversidad extraordinaria de estos árboles, que nos muestra con pasión y cierta preocupación. Las ramas de los manglares ceden con demasiada facilidad al peso de los cientos de murciélagos que a menudo se cuelgan de ellas, y en algunos rodales empieza a haber muchos mangles muertos, algunos de ellos de especies muy raras y amenazadas. En el balance hasta el momento de nuestra visita es de manglares muertos, muchas ramas sobre el suelo, y una duda sobre la mesa: ¿quién conservamos?

Rama de mangle rota por los murciélagos
Rama de mangle rota por los murciélagos
Dentro del manglar
Dentro del manglar
Pteropus scapulatus dentro del manglar
Pteropus scapulatus dentro del manglar
Geoff Redman nos muestra el manglar
Geoff Redman nos muestra el manglar
Pteropus scapulatus sobrevolando el manglar
Pteropus scapulatus sobrevolando el manglar
Fruto de mangle
Fruto de mangle

Batty boat

A poco más de una hora para que se ponga el sol se han reunido unas 80 personas en el embarcadero de Mowbray Park de Brisbane, dispuestas a subirse al Batty Boat. Varios motivos las han atraído: la expectativa de conocer más de cerca los zorros voladores ; la posibilidad de observar una colonia; y la voluntad de contribuir a la conservación de los murciélagos. Los beneficios de la actividad se destinan a financiar proyectos de conservación de la Wildlife Preservation Society of Queensland.

La tripulación ha llenado cada minuto de la hora que dura el viaje río arriba con abundantes y amenas explicaciones sobre los murciélagos y con comentarios sobre la geografía que vamos atravesando. El rigor y la voluntad de sensibilizar al público caracterizan el mensaje que acompaña este agradable trayecto. Los miembros del Bat Conservation and Rescue Quensland se han encargado de montar un estante con todo tipo de material relacionado con murciélagos, y han llevado a algunas crías que los pasajeros que quieran podrán ayudar a amamantar durante el viaje.

Jóvenes y mayores, solos o acompañados de amigos o familia, conforman el público variado que ha venido a disfrutar de la experiencia. Al atardecer llegamos al destino, la isla de Indooroopilly, donde durante el verano se afinca desde hace años una importante colonia de zorros voladores. El objetivo final es presenciar como levantan el vuelo sobre el río los miles de individuos que se ahí se concentran. Cuando ya es demasiado oscuro como para poder distinguir la silueta de un murciélago recortado contra el cielo, emprendemos la vuelta, que parece sobre un paisaje totalmente diferente por el efecto de las luces de la ciudad que nos envuelven.

El recuento final de zorros voladores que han salido de la isla tal vez no llega a 10. Algunos de los asistentes no han llegado a ver murciélago alguno. La tripulación explica que desde que iniciaron la actividad en 1984 es la segunda vez que les ocurre, y que la primera fue en 2011. Las colonias de murciélagos tienen cierta movilidad, añaden, pero ya hace años que van observando una preocupante disminución en el número de efectivos. La circunstancia, lejos de levantar ninguna queja entre los asistentes, pone en evidencia que los murciélagos australianos no pasan su mejor momento. El mensaje es claro, y pese a deja un sabor amargo en la experiencia, contribuye a sensibilizar los asistentes en relación a los problemas de conservación que pesan sobre los murciélagos australianos.

Recuerdos del Batty Boat
Recuerdos del Batty Boat
Amamantando una cría durante el trayecto
Amamantando una cría durante el trayecto
El río Brisbane
El río Brisbane
Esperando a los murciélagos
Esperando a los murciélagos
Brisbane de noche
Brisbane de noche

Comprometidos y contra corriente

A las 9:15 de la mañana de nuestro tercer día en Australia recibimos una llamada de Louise informando de que el barrio de Wynnum, en Brisbane, los propietarios de una vivienda han dado un aviso de rescate: se han dado cuenta de que un murciélago ha quedado atrapado en una palmera de su jardín. Nos dirigimos al coche y el GPS nos guía casi hasta el destino. En la calle vemos cómo nos saluda de lejos la Louise, señalando dónde está la casa. Hace unos minutos que ha llegado; después de valorar el caso ha buscado en su aplicación de gestión de emergencias cuál es el voluntario activo del Bat Conservation and Rescue Queensland más cercano que disponga del instrumental para realizar el rescate.

Louise Saunders hace ya 7 años que preside esta entidad sin ánimo de lucro, la organización, magnitud, dedicación incondicional de la que nos sorprende constantemente a medida que vamos siendo testigos de su funcionamiento. Enseguida llega el refuerzo, llevando una escalera extensible sobre el vehículo, que descarga y coloca sin perder tiempo. Desde abajo subirse a la copa del árbol nos parece una maniobra no exenta de peligro: el animal ha quedado atrapado por una pata a unos 6 metros de altura y las hojas de la palmera hacen difícil asegurar la escalera.

Mientras hacen esfuerzos para liberar al animal, Louise intercambia unas palabras con los propietarios de la vivienda. Les explica el peligro que suponen para los murciélagos las palmeras exóticas como la que tienen en su jardín, y les recomienda que la reemplacen por alguna especie autóctona o que poden los frutos para evitar que los murciélagos puedan sentirse atraídos. Desde el BCRQ han registrado hasta 6 modos diferentes en que los murciélagos pueden quedar atrapados en estas palmeras foráneas cuando se paran atraídos por sus frutos.

Los rescates que llevan a cabo son en circunstancias variadas, aparte de los animales atrapados en palmeras también recogen muchos animales atrapados en redes de protección de frutales y en alambres de espinos para el ganado. Una causa creciente de rescate son los animales afectados por las olas de calor. Un fenómeno nuevo, debido al cambio climático, y que sólo el 4 de enero de 2014 se saldó con un mínimo de 45.000 animales muertos y más de 1.000 crías huérfanas en Brisbane.

La inquietud de los propietarios, sin embargo, va en otra dirección que la Louise conoce bien y de la cual culpa a los medios: se les responsabiliza de la diseminación de enfermedades y patógenos, entre ellos el Hendra virus, que causa mortalidades sobretodo de caballos en la región. La Louise los tranquiliza: no se ha demostrado que los murciélagos sean transmisores de la enfermedad, pese a que los medios les atribuyen sin fundamento esta responsabilidad. También les recuerda que los murciélagos dispersan semillas y polinizan muchos de los árboles autóctonos, proveyendo un servicio irremplazable en el ecosistema. Quizá no es la primera vez que ha dado esta explicación hoy, y casi seguro que no será la última.

Con el animal ya en sus manos la Louise lo examina detenidamente. Es dudoso que pueda reponerse de la lesión que le ha provocado el incidente, diagnostica después de comprobar la gravedad de las heridas. Lo más probable es que haya que eutanasiarlo. Este es el desgraciado final de una parte de los rescates, aún así los miembros del BCRQ siguen atendiendo con diligencia y esperanza las aproximadamente 20 llamadas diarias que reciben. La falta de apoyo por parte de las instituciones, los medios de comunicación y la opinión pública no parecen impedir que ellos sigan velando por murciélagos, en solitario y contra corriente.

Los murciélagos, vecinos cercanos
Los murciélagos, vecinos cercanos
Louise Saunders haciendo pruebas de vuelo
Louise Saunders haciendo pruebas de vuelo
Ficha de rescate
Ficha de rescate

Mujeres luchadoras

Después de la experiencia en Indonesia hemos ido a Australia para conocer otra dimensión de la compleja relación entre humanos y murciélagos: los centros de recuperación de murciélagos y su encaje en la sociedad.

En Brisbane visitamos los miembros del Bat Conservation and Rescue Queensland, una ONG dedicada a la defensa de los murciélagos. Su actividad principal gira en torno a la rehabilitación de murciélagos heridos, desnutridos o huérfanos, y también en torno a la sensibilización. Los murciélagos despiertan poca simpatía entre el público australiano en general, y por ello resulta complicado obtener fondos para cuidar los cerca de 600 zorros voladores que rescatan cada año. Suplen la falta de fondos con una inmensa dedicación que los lleva a tener el centro de recuperación repartido entre las casas de los miembros, todos ellos voluntarios.

Nos reciben en casa de Denise Wade, vicepresidenta y coordinadora de rehabilitación de la entidad, que aloja y cuida a una treintena de individuos. Allí somos testigos de la profesionalidad con que cuidan de los animales y de la dimensión emocional de la tarea. Un vínculo emocional, casi maternal, se establece con cada murciélago rehabilitado, haciendo posible la dedicación incondicional que sacar las crías adelante requiere. Los murciélagos forman parte de la casa: algunas estancias se dedican a la rehabilitación de los murciélagos, las decoraciones de cada rincón evocan murciélagos, y la entrada constante de nuevos individuos de los que cuidar ha dejado a Denise con sólo un fin de semana libre durante los últimos 7 años. Hemos visitado las casas de otros cuidadores de murciélagos de la entidad, Connie, Christine y Louise, para encontrarnos con el mismo patrón: mujeres que sacrifican su tiempo para volcarse en el cuidado de murciélagos heridos o de crías huérfanas.

La única instalación que no se encuentra en viviendas particulares es la jaula de liberación que el BCRQ tiene en las afueras de Brisbane. Allí tomamos conciencia del coste y esfuerzo que implica alimentar a los cerca de 200 individuos que se en ella se concentran: durante más de una hora 6 voluntarios (de nuevo mayoritariamente mujeres) se encargan de cortar y disponer en comederos los aproximadamente 50 kg de fruta que constituyen la ración diaria de alimento. Todo el presupuesto de la entidad, unos 18.000 dólares anuales, se destina a comprar fruta. Y buena parte del tiempo libre de estas mujeres luchadoras se destina a los murciélagos.

Louise Saunders y Denise Wade con el equipo de filmación
Louise Saunders y Denise Wade con el equipo de filmación
Entrada de la casa de una de las cuidadoras del BCRQ
Entrada de la casa de una de las cuidadoras del BCRQ
Denise Wade cuidando de un <em>Pteropus scapulatus</em>
Denise Wade cuidando de un Pteropus scapulatus
Jaula para las crías
Jaula para las crías
El equipo de filmación con los murciélagos
El equipo de filmación con los murciélagos
Cría con su chupete
Cría con su chupete
Preparando la fruta
Preparando la fruta
Comiendo la fruta
Comiendo la fruta

Murciélagos de Indonesia: del templo a la cocina

De acuerdo con el diccionario la ambivalencia es la presencia en una misma persona de sentimientos encontrados hacia el mismo objeto. Es justamente en este estado emocional que dejamos atrás Indonesia. Las experiencias recogidas van de un extremo al otro de la paleta, sin pasar por alto los tonos intermedios. La crudeza de los mercados de Tomohon, en Sulawesi, donde los murciélagos son vendidos para el consumo, contrasta casi con violencia con la veneración con que son tratados en Goa Lawah, el templo de la cueva de los murciélagos de Bali. Entre los extremos, los animales mantenidos en cautividad como mascotas.

Los zorros voladores, murciélagos frugívoros de gran tamaño, son los únicos consumidos por lo que hemos podido constatar, y también los únicos objeto de veneración. Algunos interpelados nos han aportado detalles sobre su gusto, formas de cocinarlos y hasta propiedades curativas. Afortunadamente esta afección no es compartida por todos, y nos ha parecido menos presente entre las generaciones más jóvenes, que a menudo expresaban su rechazo hacia el consumo tradicional de animales salvajes.

Nos vamos habiendo pisado las islas de Sulawesi, Bali, Flores y Rinca, para dirigirnos hacia Brisbane, Australia, donde esperamos conocer otras realidades de la compleja relación entre humanos y murciélagos. En todas las islas hemos encontrado gente que ha consumido murciélagos, así como gente que aseguraba no haber comido nunca y no tener la menor intención de probarlos. Indonesia es un país donde se mezclan religiones y etnias muy diversas, y esta diversidad se refleja en la variedad de relaciones entre humanos y murciélagos.

Tanto en Sulawesi como en Bali, donde se venden murciélagos con diferentes objetivos, los propios vendedores nos han confirmado que cada vez tienen que ir más lejos a buscarlos. Una vez esquilmado las poblaciones locales, Borneo, el paradigma de paraíso selvático tropical, se ha convertido en la despensa de las islas vecinas. Las pocas colonias de grandes murciélagos que hemos podido observar confirman la amenaza que pesa sobre los murciélagos indonesios: sólo perviven colonias en lugares totalmente inaccesibles, ya sea porque son sagrados o porque son manglares impenetrables.

Playa en el parque natural de Tangkoko
Playa en el parque natural de Tangkoko
Macaco negro, endémico de Sulawesi
Macaco negro, endémico de Sulawesi
Perros esperando su turno, Tomohon, Sulawesi
Perros esperando su turno, Tomohon, Sulawesi
Macacos en el mercado de Tomohon, Sulawesi
Macacos en el mercado de Tomohon, Sulawesi
Preparando murciélagos para la venda, Tomohon, Sulawesi
Preparando murciélagos para la venda, Tomohon, Sulawesi
Murciélagos a la venda, Tomohon, Sulawesi
Murciélagos a la venda, Tomohon, Sulawesi
Paniki, plato típico de murciélago, Sulawesi
Paniki, plato típico de murciélago, Sulawesi
Colores en el mercado de Tomohon, Sulawesi
Colores en el mercado de Tomohon, Sulawesi

BALI04_09

Sofian, nuestro guía en Rinca
Sofian, nuestro guía en Rinca
Viajando en barco hacia Rinca
Viajando en barco hacia Rinca
Templo de Luhur Batukaru, Bali
Templo de Luhur Batukaru, Bali
El Bosque de los Monos, Ubud, Bali
El Bosque de los Monos, Ubud, Bali
Pasar Burung, el mercado de las aves, Denpasar, Bali
Pasar Burung, el mercado de las aves, Denpasar, Bali

Un cielo lleno de murciélagos

Indonesia se anuncia al visitante como el país de las 17.000 islas, y cada rincón parece tener algún atractivo que lo hace único. Las islas de Komodo y de Rinca, situadas al este del archipiélago, son hogar de uno de los animales más peculiares de la región: el dragón de Komodo, un pariente cercano de los lagartos. Su extraordinario tamaño, unos dos metros de longitud, le da el aspecto de un superviviente de la prehistoria.

Salimos del puerto de Labuan Bajo en dirección a Rinca, confundidos por las informaciones recibidas que no nos permiten saber cuánto tiempo estaremos navegando o si podremos ver los dragones. Lo que parece garantizado es que al atardecer podremos fondear en Pulau Kalong, la isla de los murciélagos, para contemplar como alza el vuelo la colonia de zorros voladores que allí se refugia.

Impresionados por el encuentro con los dragones, fondeamos cerca Pulau Kalong junto con otros cuatro barcos cargados de turistas. Kamel, nuestro guía, nos comenta que algunos de ellos han zarpado sólo para ver el espectáculo que estamos a punto de presenciar.

La isla, impenetrable y cubierta de manglares, es según él un refugio seguro, y la colonia descansa en el centro donde pasa desapercibida durante el día. Empieza a oscurecer y nos quedamos boquiabiertos. Una cantidad que nos parece incontable de zorros voladores alza el vuelo para desfilar en dirección a la vecina isla de Flores, en una travesía de unos 4 kilómetros sobre el mar, inundando el horizonte con sus siluetas, que parecen pesadas y lentas en la distancia.

El espectáculo dura casi una hora. Emprendemos el regreso a puerto ya de noche, flanqueados por los últimos murciélagos que han salido y que vuelan a ras de agua junto a nosotros. Parece que quieran despedirnos, y nos preguntamos dónde deben ir. Dejamos atrás la isla contentos de constatar que en Indonesia las formas más modernas de apreciación de la naturaleza empiezan a incluir a los murciélagos.

Aproximándonos al dragón de Komodo
Aproximándonos al dragón de Komodo
Llegando a Pulau Kalong, la isla de los murciélagos
Llegando a Pulau Kalong, la isla de los murciélagos
Barcos turísticos observando el espectáculo
Barcos turísticos observando el espectáculo
Zorro volador sobrevolando el barco
Zorro volador sobrevolando el barco
De vuelta al puerto de Labuan Bajo
De vuelta al puerto de Labuan Bajo

Belleza entre rejas

Posiblemente un rasgo compartido por todas las culturas es la admiración hacia la naturaleza. Una admiración que puede manifestarse de forma difícil de comprender para el forastero. Hemos visitado el mercado de aves de Pasar Burung, en Denpasar (Bali), con la expectativa de encontrar a la venta murciélagos. Las jaulas artesanales, abundantemente ornamentadas, parecen competir en belleza con las múltiples especies de aves silvestres que allí se venden, coloridas y exóticas. Una mirada más cercana y una visita a las trastiendas nos brinda un contraste menos encantador. Jaulas donde se almacenan decenas de pájaros en un espacio ínfimo, a la espera de ser comprados o expuesto; crías de mono encadenadas a oscuras, que nos ven pasar con ojos atemorizados; aves de todos tipos mantenidas en bolsas de cartón, sin alimento ni agua; y murciélagos captivos en jaulas tan pequeñas que les resulta imposible moverse o abrir sus alas. El vendedor de murciélagos nos cuenta que están bien cuidados, que viven mucho tiempo y que la gente los compra para tenerlos en casa. El precio de venta confirma que en Bali los murciélagos no se venden para el consumo: entre 15 y 75 euros cada individuo, dependiendo de la especie. Cada vez resultan más difíciles de encontrar en Bali nos cuenta, y por ello los que ofrece en esta ocasión provienen de la vecina isla de Borneo.

Jaulas artesanales para pájaros
Jaulas artesanales para pájaros
Estrildas cabecirrojas en jaula
Estrildas cabecirrojas en jaula
Zorros voladores a la venta como mascotas
Zorros voladores a la venta como mascotas
Crías de macaco esperando ser puestas a la venta
Crías de macaco esperando ser puestas a la venta

La adoración de los murciélagos en bali

La isla de Bali, en el centro del archipiélago indonesio, es el principal destino turístico de la región. Es conocido por los incontables templos hinduistas que la recorren, y es justamente uno de ellos que ha atraído nuestra atención y nos ha llevado a visitar la isla. Goa Lawah, la cueva de los murciélagos en balinés, ofrece al visitante la sorprendente imagen de un santuario donde se refugian miles de murciélagos amparados por la devoción de los fieles. No se permite entrar dentro la cueva, y toda criatura que allí more debe ser respetada y protegida. Quien falte a esta norma se expone a la desgracia e incluso a la muerte. Mangku, el sacerdote del templo, nos alecciona: “Los Humanos deben estar en harmonía con ellos mismos, con Diós y con la Naturaleza. Los murciélagos siempre han vivido en el templo, quien no quiera murciélagos que no venga al templo”. Recorremos la isla buscando indicios de veneración hacia los murciélagos. Constatamos que en el imaginario hinduista, ampliamente reflejado en las estatuas y grabados de los templos, la figura del murciélago no tiene presencia. Tampoco la tiene en los bosques donde sería esperable encontrarlos. El santuario de Goa Lawah parece ser el último refugio para los murciélagos balineses.

Entrada al templo de Goa Lawah
Entrada al templo de Goa Lawah
La cueva de los murciélagos
La cueva de los murciélagos
Llevando ofrendas al templo
Llevando ofrendas al templo